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DIVULGAR LA CIENCIA EN TELEVISIÓN: PROBLEMAS Y OPORTUNIDADES

Periodista y doctor en Comunicación Pública, es profesor de las asignaturas de Producción Televisiva y Divulgación Científica Audiovisual. Sus líneas de investigación se centran en la comunicación de la ciencia en televisión y en el documental televisivo.

Es director de TeleNatura, Festival Internacional de Televisión para la Naturaleza.

Anteriormente fue director de informativos de la agencia Editmedia TV, coordinador de reportajes informativos de Tele 5 y director de la productora Euroview.

Desde hace varios años, trabaja también como realizador, productor y guionista de reportajes y documentales para televisión. Sus obras han obtenido varios premios, como los de mejor documental en el Festival internacional de Cartagena de Indias (Colombia) y en el Festival Internacional de Cuzco (Perú).

Es autor del libro 'El documental de divulgación científica' (Barcelona, Paidós, 1999), así como de numerosos artículos científicos y divulgativos sobre comunicación, publicados en revistas españolas y extranjeras.

 

DIVULGAR LA CIENCIA EN TELEVISIÓN: PROBLEMAS Y OPORTUNIDADES

Autor: Bienvenido León, profesor de Divulgación Cientifica Audiovisual, Facultad de Comunicación, Universidad de Navarra
Email: bleon@unav.es
Web: http://www.unav.es/fcom/profesores/leon.htm

Este artículo ha sido publicado dentro del volumen Façeira, Mª Joao (ed.), "A divulgaçao científica nos media-contributos", ediçoes Cine-clube de Avanca, 2002.


Introducción

Las encuestas demuestran que el público tiene interés por la ciencia. Pero también ponen de manifiesto que el ciudadano medio no comprende muchas cosas dentro de este ámbito. Este hecho es consecuencia, en primer lugar, de que son muchos los que adolecen de la falta de una mínima cultura científica, con la que dar sentido a la nueva información que reciben.

Esta carencia puede deducirse fácilmente de algunos de los resultados de estos sondeos, tan demoledores como el que afirma que la mitad de los norteamericanos no sabe que la Tierra tarda un año en realizar su movimiento de traslación alrededor del Sol1.

Partiendo de esta base, resulta evidente que no es tarea fácil conseguir que una audiencia amplia se interese y entienda cuestiones científicas. Sin embargo, los medios de comunicación, en general, y la televisión, en particular, podrían conseguir resultados que por otras vías resultan impensables.

La televisión es parte de nuestra vida cotidiana. Llega hasta más personas que ningún otro medio y alcanza una implantación casi universal. El televisor está presente incluso en muchos hogares que no disponen de servicios básicos, como el agua corriente. Es además, la actividad a la que muchos dedican la mayor parte de su tiempo de ocio. En Europa, el tiempo destinado por término medio a ver la televisión es superior a tres horas por persona y día.

Por lo que se refiere a su capacidad para divulgar la ciencia, esta resulta evidente si la comparamos con los medios tradicionales. Por ejemplo, un solo programa de televisión puede llegar hasta más personas que una conferencia pronunciada diariamente, durante todo un siglo.

El de los medios de comunicación es un ámbito en el que la divulgación ha de jugar sus mejores cartas, para tratar de llevar hasta el gran público cuestiones tomadas de la ciencia, de forma que resulten a un tiempo interesantes y rigurosas. Para conseguirlo, es imprescindible conocer cuáles son las fortalezas y también las flaquezas de los medios de comunicación en su labor divulgadora.

A las limitaciones de todos los medios de comunicación hay que añadir algunas que afectan específicamente a medios audiovisuales. Una de las más importantes es su limitada capacidad para transmitir información pormenorizada, especialmente cuando se trata de cuestiones de naturaleza abstracta.

Ciencia y medios de comunicación

Muchos científicos parecen no tener confianza en la prensa, a la que consideran un vehículo inadecuado para llevar la ciencia hasta el gran público. En una encuesta realizada en Estados Unidos sólo el 10% de los científicos declaró tener gran confianza en la prensa; un porcentaje muy inferior al de otros grupos encuestados2.

Esta falta de confianza en los medios ha llevado a algunos científicos a criticar abiertamente a sus colegas que han decidido entrar en el ruedo de la divulgación. En este sentido, son bien conocidas las críticas recibidas incluso por científicos-divulgadores de la talla del astrónomo norteamericano Carl Sagan, a quien se achacó injustamente una falta de curriculum científico3.

Para muchos científicos, los medios han sido tradicionalmente un mensajero inepto, incapaz de trasladar eficazmente la ciencia hasta el gran público. Sin embargo, tal como afirma Bucchi "términos como distorsión, sensacionalismo e imprecisión, sólo tienen sentido por referencia a los modelos de comunicación más obsoletos", que se basan en una visión del proceso "centrada en la ciencia, paternalista y pedagógica"4. Frente a estos modelos, resulta necesario abrazar nuevos planteamientos, que tienen en cuenta que la recepción de la comunicación científica por parte del público se lleva cabo mediante "procesos complejos y transformaciones a través de las que las diferentes audiencias se apropian de la ciencia, la usan o simplemente la dejan de lado"5.

Para entender mejor estos procesos, es necesario caer en la cuenta de que científicos y profesionales de los medios de comunicación tienen formas de trabajo e intereses muy distintos. Los primeros realizan una labor paciente, en la que pocas veces se producen hallazgos revolucionarios. Por el contrario, los periodistas buscan hechos sensacionales, que llamen poderosamente la atención del espectador.

Una de las principales barreras que se establecen entre ambos colectivos viene marcada por la prisa en la que se ven inmersos los profesionales de los medios. Mientras que los científicos trabajan de forma lenta y pausada, los medios de comunicación se convierten en monstruos a los que hay que alimentar constantemente con nueva información. El periodista ha de cumplir con la hora de cierre del periódico o de puesta en antena de un programa de televisión, en una dinámica en la que pocas veces es posible invertir mucho tiempo en una información.

En este contexto, científicos y comunicadores se ven abocados a diferentes aproximaciones a la realidad, que han sido comparadas con las que realizan dos especialidades del derecho. La ciencia, como el derecho penal, debe llegar hasta el punto de "más allá de una duda razonable"; los periodistas, como el derecho civil, acuciados por las prisas, trabajan con la "evidencia predominante, como estándar de prueba"6.

Otra de las barreras entre las dos profesiones viene marcada por el lenguaje que utilizan. Los científicos mantienen jergas profesionales que resultan difíciles de comprender para quienes no pertenecen a su grupo. Pero también los periodistas emplean la suya propia, con frecuencia también alejada de lo que el público puede entender con facilidad. Y no sólo se trata de jergas, ya que a veces hay palabras de uso común que en un contexto científico tienen un significado diferente; lo cual resulta aún más desanimante para quien no las comprende.

Al margen de que haya científicos deshonestos que busquen demostrar lo que les conviene, en general suelen dejar de lado sus prejuicios, para intentar abordar una cuestión con total objetividad. Sus experimentos han de ser reproducibles y sus trabajos serán finalmente sometidos a la revisión de sus colegas, antes de ser publicados en las revistas científicas.

Por el contrario, el periodismo es, en gran medida, subjetivo. De hecho, muchos periodistas han abandonado la noción de objetividad por la de honestidad, conscientes de que resulta casi imposible hablar con total certeza de situaciones tan complejas como, por ejemplo, el proceso de paz en Oriente Medio o la razón de ser de una huelga general.

A estas dificultades generales de los medios de comunicación para comunicar la ciencia, conviene añadir otras que afectan particularmente a la televisión, algunas derivadas de su propia naturaleza y otras puramente coyunturales.

Las dificultades añadidas por la televisión


A pesar de esta potencial capacidad divulgadora, la relación entre la ciencia y los medios audiovisuales suele ser difícil. Tal como señala Silverstone, la raíz del problema está en que la televisión se dirige a la experiencia cotidiana, mientras que la ciencia se inscribe en otros modos de conocimiento y de transmisión de sus ideas. Como consecuencia, los programas de divulgación han de realizar una mediación entre dos tipos de discurso inicialmente alejados, que resulta muy compleja7.

La ciencia da a conocer sus hallazgos fundamentalmente a través del soporte escrito, el cual le resulta más adecuado para transmitir una serie de ideas que han sido estructuradas de forma lógica. Además, el lenguaje escrito está dotado de una gran capacidad para comunicar conceptos.

Por el contrario, los medios audiovisuales, en principio no resultan especialmente adecuados para comunicar conceptos o abstracciones. Tal como afirma González Requena, la imagen es un medio poderoso de descripción, pero un medio especialmente torpe de nominación, ya que carece de la potencia conceptual de la palabra8.

El arte, en general, y las artes audiovisuales, en particular, suelen seleccionar los temas que tratan por su capacidad de despertar emociones y sentimientos en el espectador. Incluso los programas informativos de televisión suelen poner mayor énfasis en aquellos aspectos de la realidad que contienen elementos de mayor valor dramático, dejando muchas veces de lado los asuntos de mayor complejidad conceptual. Por su parte, la ciencia aborda los asuntos tratados a través de un tipo de razonamiento que utiliza herramientas tales como la lógica matemática y la experimentación empírica, cuyo objetivo es apelar exclusivamente a la razón.

La televisión no es el mejor medio para comunicar mucha información ni para hacerlo de forma muy detallada. Por eso la sucesión de ideas lógicas y pormenorizadas con las que trabaja la ciencia suelen encajar con dificultad.

La divulgación de la ciencia a través de la televisión presenta también la dificultad de que se dirige a una audiencia amplia, en un contexto donde prima el entretenimiento. En términos del divulgador español Manuel Toharia, "el espectador ha de encontrar, por este orden, entetenimiento, información y formación". Por eso la televisión suele intentar motivar, despertar interés por la ciencia entre el público, más que de enseñar con profundidad9.

A estas dificultades intrínsecas cabe añadir otras, derivadas de la situación que vive el medio en los últimos años. El creciente mercantilismo en el que se mueve ha provocado una feroz batalla por las audiencias, en la que han ido entrando también las televisiones públicas. En concreto, en el ámbito de los informativos, se constata una tendencia hacia la información sensacionalista en la que ocupan un lugar preferente todo tipo de desastres, crímenes y vidas privadas de los famosos. Como consecuencia, los contenidos culturales de calidad han comenzado a ser una especie en vías de extinción. Como señalan con acierto Harts y Chapell cada vez es más difícil para los medios captar la atención del público con asuntos serios10.

Estas dificultades han llevado a algunos científicos a considerar la divulgación de la ciencia a través de la televisión como una tarea poco menos que imposible. Después de estudiar los mecanismos narrativos y científicos de algunos programas, los canadienses Schiele y Larocque concluyeron que el espectador televisivo no adquiere un saber verdadero11.

Sin embargo, la constatación estos problemas, lejos de deslegitimar el estatus de la televisión como medio para comunicar la ciencia, ha de servir para promover un tipo de mensaje audiovisual que aproveche al máximo las capacidades del medio, para trasladar hasta el público conocimientos científicos que, eso sí, han de ser servidos en la bandeja del entretenimiento informativo o de la información entretenida. Es decir, la televisión habrá de utilizar todos los recursos disponibles para construir un nuevo discurso cuyos fines y medios no son necesariamente los de la ciencia.

Divulgar a través de la televisión

La construcción de un enunciado divulgativo eficaz para la televisión, requiere utilizar recursos narrativos y dramáticos que permitan llegar hasta el espectador con nitidez y fuerza. Entre ellos cabe destacar la simplificación de los contenidos y la construcción de relatos que vertebren el enunciado12. Con ello se consigue adaptar el mensaje a los requerimientos impuestos por un medio en el que, en términos del historiador francés Georges Duby, "trabajamos para lo efímero, lo cual nos obliga a pegar fuerte", y eso se consigue concentrando y esquematizando el mensaje13.

Para Bucchi, hacer divulgación significa someter el contenido científico a un doble proceso de objetivación y anclaje en la realidad. La objetivación suele tomar con frecuencia la forma de personificación, mientras que el anclaje en la realidad suele significar la utilización de analogías o metáforas14. Pues bien, en el caso de la televisión, podríamos añadir que este proceso resulta aparentemente más sencillo, por cuanto la propia imagen ya nos remite directamente al mundo real, de forma que personificaciones y metáforas pueden parece innecesarias.

Sin embargo, esta aparente conexión con la realidad no impide que, en muchos casos, estos mismos recursos sigan siendo útiles para estructurar coherentemente los enunciados. La personificación resulta necesaria para construir una buena historia con potencial dramático, mientras que las analogías y metáforas permiten conectar dos realidades, de forma que una aporta luz sobre la otra.

Cuando no se utilizan estos recursos, los programas sobre ciencia corren el riesgo de convertirse en meros contenedores de información inconexa y difícil de seguir. En este sentido, un estudio de la BBC revela que el 74% de los participantes en grupos de discusión dirigida sobre programas de ciencia, prefirieron aquellos con estructura narrativa, mientras que sólo un 26% se mostraba partidario de los denominados "informes" (fact-file)15.

El mismo estudio señala que los temas relacionados con la ciencia tienen mayor potencial de interés para el público que los de deportes o política. Sin embargo, determinados enfoques dificultan que el interés genérico del público se concrete en índices de audiencia.

Los programas que tratan sobre "la ciencia por la ciencia", generalmente no son bien acogidos por el público. Por el contrario, aquellos que se refieren a la ciencia dentro de la "carrera humana" resultan de mayor interés. Igualmente suelen tener poca audiencia los asuntos que resultan totalmente desconocidos para el público. Por el contrario, aquellos sobre los que la audiencia ya tiene referencias son mejor valorados, por cuanto el espectador puede integrar mejor la nueva información que recibe.

Son bien acogidos los programas que ponen de manifiesto las razones por las que el espectador podría estar interesado en el tema, generalmente relacionando el asunto tratado con su vida cotidiana. Tal como se desprende de las conclusiones del estudio de la cadena británica, se puede cubrir cualquier tema, siempre que se establezca un "filtro de relevancia, o un mecanismo para construir esa relevancia si es necesario, a través de la forma en que se presenta la historia"16.

A la vista de estas consideraciones, no sorprende que muchas veces los temas científicos se traten en televisión desde la óptica de las consecuencias que pueden tener para el espectador. Sin embargo, como recuerdan Harts y Chapell, este recurso ha de utilizarse cuidadosamente, ya que la explicación sola de las consecuencias o el uso, en lugar de las causas, puede llevar hasta respuestas incompletas y, en última instancia, incorrectas17. Por ejemplo, si explicamos el manejo de un coche, sin entrar, al menos mínimamente, en cómo funciona por dentro, podemos fácilmente caer en un enfoque superficial y que, en definitiva, cuente cosas que no son totalmente ciertas.

Los divulgadores suelen tratar de mostrar aquellos aspectos de la ciencia que resultan misteriosos e incluso inquietantes. El periodista español Lluis Miratvilles cree que "lo desconocido, lo inquietante, lo asombroso" son elementos básicos para la divulgación en televisión18. Otro divulgador, el británico Richard Dawkins va más allá, al afirmar que

La popularidad de lo paranormal, aunque parezca raro, puede proporcionar un terreno para el refuerzo (encouragement). Creo que el apetito por el misterio, el entusiasmo por lo que no entendemos, es sano que se fomente. Es el mismo apetito que conduce lo mejor de la ciencia verdadera19.

Estos son algunos de los recursos que pueden ayudar a construir programas de ciencia que resulten interesantes para el espectador. Sin embargo, si lo conseguimos habremos recorrido únicamente la mitad del camino, ya que el programa divulgativo ha de construirse a partir del saber científico, de forma que mantenga el necesario rigor.

Para conseguir que los programas respondan a este doble requerimiento de eficacia narrativa y rigor científico, es necesario seguir profundizando en el camino del trabajo conjunto entre científicos y comunicadores, que tantos frutos ha dado ya a lo largo de la historia. Sólo desde un conocimiento profundo de los recursos comunicativos de los medios audiovisuales y de los asuntos científicos abordados, será posible construir programas que alcancen el difícil equilibrio entre interés y comprensibilidad para el público, por un lado, y rigor científico, por otro. Es decir, solo así podrán realizarse programas que consigan una verdadera divulgación de la ciencia.


1 Hartz, Jim y Chappell, Rick, World Aparts. How the distance between science and journalism threatens America's future, First Amendment Center, Nashville, 1998, p. Ix.
2 Id., p. Xii.
3 "Can You Promote Science Without Losing Respect?", The Scientist, 1 de julio de 1997, p. 11.
4 Bucchi, Massimiano, Science and the media. Alternative routes in scientitific communication, Routledge, Londres, 1998, pp. 4-5.
5 Id., p. 7.
6 Harts y Chapell, op. cit., p. 14.
7 Silverstone, Roger, "The Agonistic Narratives of Television Science", en Corner, John (ed.), Documentary and the Mass Media, Londres, Edward Arnold Publishers, 1986, p. 81.
8 González Requena, Jesús, El espectáculo informativo, Madrid, Akal, 1986, p. 65.
9 Calvo Hernando, Manuel, Manual de periodismo científico, Bosch, Barcelona, 1997, p. 176.
10 Harts y Chapell, op. cit., p. 2.
11 Calvo Hernando, op. cit., p. 178.
12 León, Bienvenido, El documental de divulgación científica, Barcelona, Paidós, 1999. Trad. al portugués, O documentário de divulgaçao científica, Avanca (Portugal), Cine-Clube Avanca, 2001.
13 Calvo Hernando, op. cit., p. 185.
14 Bucchi, op. cit., p. 6.
15 BBC Broadcasting Research, Science in News-Qualitative Research SP93/98/3125. Citado en Bennet, J. "Science on television. A coming of age?", en Scanlon, Eileen, Hill, Roger y Junker, Kirk, Communicating Science, Londres, Routledge, vol 2, p. 169.
16 Id., p. 165.
17 Harts y Chapell, op. cit., p. ix.
18 Calvo Hernando, op. cit., p. 190.
19 Conferencia Richard Dimbley, BBC, 1996, citado en Benet, op. cit., p. 171.


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